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Concertación o represión, que sigue ahora para Colombia


Con gran expectativa esperábamos todos los colombianos los resultados de la reunión programada el día lunes entre el Gobierno Nacional y el Comité Nacional de Paro, pero al final de todo quedamos con el mismo desconcierto y con más preocupación que antes.

Todo parece indicar que las cosas en vez de mejorar tienden a empeorar, por una parte, el Gobierno no da su brazo a torce frente a las peticiones de los manifestantes, por otro lado, los representantes de la comunidad se mantienen firmes y con la convicción de seguir protestando hasta obtener una solución a sus pretensiones.

Desde el punto de vista de la resolución de conflictos, ninguna de las partes se percibe con la intención de ceder y buscar un punto de equilibrio para una salida concertada y negociada de esta crisis que involucra a todos los ciudadanos, causando pérdidas materiales y humanas.


Lo que si es evidente es el recrudecimiento de las confrontaciones entre ciudadanos, tanto así que ya salen a luz pública colectivos de personas que defienden la posición del Gobierno Nacional y se están organizados y armados para hacer frente a los manifestantes.


Ejemplo de esto son los denominados CAMISAS BLANCAS, grupo de personas Con camisetas y camionetas blancas, que convocaron el domingo a los vecinos de diferentes barrios del sur de Cali a defender sus propiedades ante el avance de una caravana indígena conocida como la Minga (un término de los pueblos originarios de Colombia que significa encuentro o protesta colectiva).


Como resultado de esta confrontación nefasta hoy tenemos decenas de personas desaparecidas y muertas en estos 13 días de paro nacional, que dejan un dolor intenso a sus familias, cargadas de impotencia y desazón sin saber el paradero de sus seres queridos y vestidos de luto en los cementerios dando cristiana sepultura a sus muertos.


Como dijo Simón Bolívar hace mas de 200 años “desgraciada patria boba, empieza a ser difícil distinguir a los buenos de los malos”


Lo mas preocupante de todo esto es que los hechos se registran frente a la mirada indiferente y complaciente de las autoridades colombianas, faltando al principio constitucional cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas, y para asegurar que los habitantes de Colombia convivan en paz.

Por la arrogancia y determinación de algunos pocos que se revisten de poder sentados desde sus palacios protegidos por centenares de escoltas, estamos derramando la sangre de muchas personas inocentes, cuyo único pecado ha sido reclamar sus derechos, en un país donde por mas de 50 años ha sido golpeado, maltratado, humillado y bañado en sangre de compatriotas.


Es momentos de preguntarnos ¿ que sigue para Colombia concertación o represión? Es momento de dialogar, no permitamos seguir inundando el país de sangre.

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