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La educación es el norte!

Históricamente, Colombia ha sido uno de los países del hemisferio sur del continente Americano con mayores estándares de inestabilidad en el mercado financiero, ello demuestra la precaria situación socioeconómica en que padecen los hogares del país en un alto porcentaje; lo cual conlleva consigo mismo una desproporción e inestabilidad que cargamos por herencia, súmele la desigualdad social de nuestros gobiernos republicanos.


De igual manera, no quiero enfatizar tanto en ello, debido a que, si les hablo con cifras y porcentajes agudizamos más la crisis en tiempos de pandemia. Esto generaría más caos y zozobra en aquellos que están al borde de un soponcio.



Hoy, con el avance de la globalización y la nueva visión vanguardista del pensamiento estructurado del ser humano, nos tiende a definir como una sociedad coherente con un modelo de desarrollo económico, social y político ajustado a las necesidades de nuestra nación. Pero previo a esto, para su materialización en sí; deben existir patrones sistemáticos en materia educativa con cobertura nacional.


Para ser determinantes y arrasar los ciclos e impactos negativos que han dejado las secuelas de todas estas desavenencias, no hay mejor cura que la educación, esta es la que determina en principio, modelos de comportamientos sociales, el actuar razonable, el cimiento sólido y positivo de una sociedad pragmática. Si el ser humano es inteligente por naturaleza, imaginémonos a una sociedad donde se le propenda por tener como fuente primaria el conocimiento, estaríamos hablando de otro nivel, el cual pasaría de un pensamiento raquítico a uno potencial a gran escala; ello permitiría a las nuevas generaciones a ser críticos, sociables, amantes de las buenas costumbres, cuidadores del medio ambiente, y sobre todo a ser mejores seres humanos.


No hay mejor cura que la educación.


Por otra parte, después de haber abordado el tema de la educación a nivel general, también quiero puntualizarlo desde el ámbito local. Arboletes Antioquia. Mi terruño que tanto amo, del cual vivo agradecido por la formación que me han dispensado a lo largo de mi currículo como estudiante y persona, esto me genera gratitud, amor por lo nuestro y lo mejor de todo; esa confianza recíproca de todos los ciudadanos que habitamos en este pequeño pero inmenso territorio.

Pero no podemos quedarnos solo en ello, porque el crecimiento poblacional, las necesidades de un pueblo y el relevo generacional, cada vez están más habidos de poder satisfacer sus necesidades básicas; porque los nuevos estándares y diseños que nos plantean como país, son de alta complejidad para alcanzar las metas como ente territorial. Me explico, para que dentro de una población como la nuestra, pueda tener un futuro promisorio se deben lograr metas que permitan establecer un equilibrio dentro del marco social, cultural y político.


Lo anterior se logra guardando relación armónica entre las fuerzas activas, comunidad rural y urbana, donde el diseño sea aprobado por la mayoría de sus ciudadanos, quienes son los únicos que conocen realmente la situación precaria en la que habitan.

Entonces, para la construcción del municipio que queremos, debemos avanzar hacia el norte, sin egocentrismos, que si hay un interés que sea el común denominador de todas las partes y fuerzas activas, con el fin de entrar a competir con los nuevos modelos de desarrollo. Para esto necesitamos una juventud comprometida y con los pies en la tierra, de igual manera de nuevos liderazgos que no estén sesgados por matices políticas viejas y mañosas; necesitamos personas sanas que no estén contaminadas por la polarización sistemática de este país. La única solución de lo anteriormente dicho es sometiéndonos al conocimiento a través de la educación.

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