La vida está en el campo.

Mientras haya campesinos cultivando la tierra hay esperanza de vida en las ciudades.


En estos días visite esta comunidad indígena de Arboletes ubicada en la vereda El Alto de la arenosa, a sólo unos diez y ocho kilómetros de la cabecera municipal de Arboletes y pude comprobar con gran satisfacción que la gente que cuenta con tierra para cultivar

su propio sustento, no aguantan hambre, y eso es lo que ocurre en esta comunidad que hace parte del resguardo indígena del Canime, según ellos hay en este territorio municipal nueve comunidades.


Aquí hay treinta y cinco familias que tienen más de trescientos miembros, la mayoría son jóvenes.

Dedican su tiempo al cultivo de pancoger entre los que se destaca: plátano, yuca, maíz, arroz, coco, frutales, ñame, plantas medicinales.

Quise saber cómo habían adquirido ese lote de terreno que está rodeado de haciendas poderosas donde sólo hay cultivos de teca y pasto para el ganado y por tradición ese tipo de propietario no se desprende de sus tierras porque con ellas se sienten dominador del entorno.


Éstos me respondieron que esa finca era de un campesino que había fallecido y le dejó la herencia a sus hijos los cuales la parcelaron en pequeños lotes dándole la oportunidad a aquellos campesinos que no tenían donde vivir y por lo tanto donde cultivar.


La comunidad lleva cuatro años en estas parcelas y ahora se encuentran con el problema de estar en medio de un litigio de tierra entre los departamentos de Antioquia y Córdoba, también pude comprobar que ellos no quieren pertenecer al departamento de Córdoba porque hasta la fecha todo lo han recibido del Municipio de Arboletes, el cual es territorio Antioqueño. Mientras eso se define esta etnia seguirá luchando por su subsistencia sacándole su sustento de la madre tierra, o como ellos afirma de la "Pacha Mama" .


Atraído por viejos recuerdos que me llevaron allende en mis pensamientos cuando también ordeñaba mi manutención de lo que la tierra producía lo cual me hizo por momentos olvidar la cantaleta de la pandemia urbana y me traslade a otro mundo de fantasía maravillosa, compartiendo recuerdos con un campesino octogenario que quiso recrearme con sus historias de antaño y sus travesuras de juventud.


Fue un día que representó para mi más de un año de solaz, haciéndome sentir con muchas más ganas de vivir porque; además sentía que podía ser útil a pesar de mi vejez.


Estando en el lomo de aquellas lomas misteriosas que forman varias figuras como si fueran uno cuadros en alto relieve, o en realidad aumentada como dicen ahora, me llegó el recuerdo de una canción que si no estoy mal dice así. Yo me voy de la ciudad para mi tierra querida porque ya no aguanto más vivir así como vivo.


Efectivamente los pueblos y las ciudades son unas cárceles que si no fuera por los campesinos que se matan trabajando quedarian en pobreza total, y estos trabajan casi sin saber que ellos están luchando para que otros vivan. Yo por ello es que me atrevo a concluir que mientras haya campesinos cultivando la tierra hay esperanza de vida.

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