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Retos del servidor público en tiempos del cambio




Por: El Profesor Wilger Medina Rebolledo


No siempre que se habla de “tiempos del cambio”, se hace referencia a una invención nueva, en muchas ocasiones nos referimos, ha tomar el rumbo correcto, aquel que nunca se ha tenido, o aquel que nunca debimos de haber transitado.


Con ello, lo que quiero significar, es que, “los retos del servidor público”, no son para nada nuevos, simplemente están asociados a su comportamiento, en tanto, la necesidad en el direccionamiento del servicio, para y en el cual se actúa en nombre del Estado.


El primer reto de todo servidor público es, ser Integro, esto significa; hacer lo correcto, sin necesidad de tener espectadores, la integridad verdadera consiste en “hacer lo correcto, aún sabiendo que nadie sabrá si lo hiciste o no”. Así las cosas, la integridad se convertiría en el eje principal de nuestro cambio cultural, frente al servicio público, para el cual se tiene la dignidad producto de la investidura otorgada como tal, ser servidor público.

La Integridad es un principio ordenado, que se convierte en una práctica, a partir de una decisión personal, que va más allá, de cumplir lo dispuesto por la ley, en tanto, se trata de honrar a través de sus ejecutorias, lo dispuesto por la dignidad que ostenta, no se puede ser “el zar anticorrupción y ser condenado por corrupto”.


Conforme a los postulados de la Organización para el Desarrollo Económico – OCDE, de la cual hacemos parte, como instancia que actúa mediante política y redes públicas, para resolver las demandas de los soberanos ciudadanos, la Integridad es una estrategia que debe empadronarse para lograr el cambio.


Está completamente demostrado que los enfoques tradicionales, basados en creación de un mayor número de normas, tienen una eficacia limitada, en el campo de lo jurisdiccional.


Lograr el cambio, no solo implica al servidor y servicio público, las acciones tienen que ser con más alcance, e involucrar a las personas y naturaleza del sector privado, debe ser un pilar promovido por las estructuras políticas, económicas y sociales, se debe buscar llegar a la conciencia del asalariado y lograr poner la esencia de toda forma de gobierno, que no es otra, que lograr la prosperidad del individuo y el bienestar económico y social del conjunto.


Si los servidores públicos, fuesen seleccionados con apego a la cabal integridad, los principios con los que se desarrolla la función administrativa pública, consagrados en la constitución política de 1991, estuviesen garantizados, en tanto, ello responde a la actuación con probidad, conduciéndolo a poner de presente un profesionalismo basado en; conocimientos, competencias, habilidades y destrezas.


La Integridad pública como estrategia y método de selección del servidor público, se convierte en un sistema que articula compromisos, normas y responsabilidades; llevando al nivel cultural que compromete la sociedad, cuestiona positivamente el liderazgo, meritocracia, formación y la apertura para aceptar al otro como parte de la conformación del conjunto de la humanidad; los actos de rendición de cuentas tendrían un compromiso retador con la participación, la supervisión, la gestión de los riesgos y el temor a la sanción social.


Un segundo reto de todo servidor público, es tomar conciencia del paraqué fue ungido, esto, lo llevaría a crecer siempre en función de sus responsabilidades, se convertiría en un héroe o titan admirado por toda la sociedad, generando una polinización incalculable a través de crear valor público, lo cual iría desde lo humano, pasando por la eficiencia, logrando la eficacia, generando un efectivo cumplimiento de sus servicios, debemos reconocer que los humanos estamos en continua transformación, los cuales se deben observar en cambios que se manifiestan en la profundización de diferentes tipos de inteligencia y una mayor pulcritud de la conciencia, “conciencia que se convierte en la esencia y razón del servidor público”.


El desarrollo de la conciencia, es el cambio más importante y experimentado de los seres humanos en los últimos tiempos; ser consciente significa, por ejemplo, estar completamente atento a la consecuencia de nuestros actos a corto y largo plazo, esto hace que nos percátenos de nuestro yo interior, de la realidad externa y del impacto que tenemos con la sociedad, lo que te obliga a tener un mayor y mejor compromiso con la verdad y actuar de manera mucho más responsable según nuestros alcances en conocimientos.


Hay señales importantes de que nuestra conciencia ha evolucionado favorablemente, entre otras, la abolición de la esclavitud, la participación altiva de las mujeres en la sociedad, la disminución de las violencias de género, la segregación racial como modo de vida, la preocupación por acciones medioambientales, en fin, muchas otras.


Con el tomar conciencia, se profundiza en el liderazgo, la motivación se extiende hasta el propósito superior de la organización, llevando la versión egoísta del mal servicio a versión cero, esto adopta una asistencia creativa, convergente, que produce múltiples valores, a su vez, se revalúa el valor de la expresión “usted no sabe quien soy yo”, porque lo más auténtico sería el servicio y no la persona, objeto de éste. El servidor público consciente siempre, pone en primer plano sus actos y sus consecuencias, se hace más inteligente, hace lo correcto porque es correcto, la cultura de ser consciente es una garantía del cumplimiento, permanecía y competitividad empresarial.



Julio 2 del 2023. Teléfonos 3017443705


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