Haciendo Compost en la Ciudad de Búfalo
- Ignacio Villa
- hace 3 días
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Alrededor de 1983 tuve la oportunidad de trabajar en Arboletes con Pacho Delgado, Pedro Silgado, y un amigo mexicano a quien llamábamos El Gato. El proyecto fue en la Boca del San Juan, una granja demostrativa que llamamos La Bregadera. Allá experimentamos con varias prácticas agrícolas, buscando formas de mejorar el suelo, inspirados por la agricultura orgánica. Mientras la agroindustria promovía el uso de pesticidas, y soluciones químicas en la agricultura, nosotros buscábamos soluciones más amenas a la naturaleza.
El uso de abonos orgánicos, mezclando árboles leguminosos en los cultivos de maíz, y el uso de coberturas vegetales para el manejo de malezas, por ejemplo. Estas prácticas que algunos llaman agricultura regenerativa buscan imitar a la naturaleza. Esta lleva millones de años perfeccionando relaciones estrechas entre organismos que mantienen la productividad y salud del suelo, del cual la agricultura y todos nuestros alimentos dependen.

Millares de organismos en un buen suelo se encargan de reciclar nutrientes y de extraerlos de la base mineral de los suelos. Todo lo que vive se muere, y regresa al suelo. Este ciclo vital es el motor que nos mantiene vivos.
Después de trabar unos años en la Bregadera, tuve la oportunidad de ir al Estados Unidos donde me quedé y seguí trabajando con varias organizaciones siempre involucrado en agricultura orgánica. Mirando hacia atrás, pienso que me convertí en un gitano agropecuario.
Hace unos diez años, mi peregrinaje me trajo a la ciudad de Búfalo, al occidente del estado de Nueva York. En esta ciudad cuyo casco urbano ha estado en decadencia por más de cincuenta años, y cuya población ha disminuido a medida que los habitantes huyen hacia los suburbios, hay cuadras enteras donde las casas que se construyeron hace más de cien años han sido derribadas, y quedan los lotes vacíos recogiendo basuras y malezas mientras los habitantes que quedan sufren de una pobreza desesperante.

Al llegar a Búfalo, me puse en contacto con un grupo que había empezado a comprar esos lotes vacíos, y habían empezado a sembrarlos en hortalizas. Se llamaban los granjeros piratas. Reconociendo que tenían qué mejorar los suelos, empezaron a recolectar desperdicios alimenticios en la ciudad, y mezclándolos con viruta y cagajón de una caballeriza en la ciudad, hicieron el compost necesario para sus huertas. Esta pequeña empresa ha crecido en los últimos doce años hasta tener ya seis dueños que han formado una cooperativa de trabajadores. Todos son dueños conjuntos de la empresa, y este año produjeron más mil metros cúbicos de compost.
Han contratado con la ciudad y una red de supermercados que por ley tienen qué mandar sus desperdicios a una empresa de compost. En este país, hay un grado de desperdicio de alimentos vergonzoso, y estos.
desperdicios producen grandes cantidades de metano cuando van un relleno sanitario. Los Granjero Piratas y su empresa de compost, ofrecen una alternativa más sana, y al mismo tiempo producen un compost lleno de biología que va a nutrir la biología de los suelos en las granjas urbanas.

Este modelo de reciclaje tiene problemas que hay que considerar. La recolección de los desperdicios se hace con un gran costo de transporte, ya que los sitios de recolección están regados por una geografía muy amplia. Idealmente, habría una operación de compost en cada vecindario, y el transporte de los desperdicios se podría hacer más localmente. Es algo que se puede estudiar e implementar en un pueblo pequeño con lo es Arboletes.
Entiendo que hay emprendedores en Arboletes que ya están produciendo compost. Es una buena contribución al manejo de los desperdicios orgánicos, y una bendición a los suelos que nos alimentan.

Ignacio Villa




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