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Chupos Digitales: El silencio de cristal que atrofia a una generación

Felipe Ramirez Castillo, Neurosicólogo
Felipe Ramirez Castillo, Neurosicólogo

Haciendo remembranza unos años atrás, recuerdo la época en la que el llanto de un niño en un restaurante o en la sala de espera de un consultorio médico era una señal social. Era el aviso de que un ser humano pequeño estaba lidiando con el aburrimiento, hambre, sed o frustración. La respuesta de los padres de antaño era previsible, un chupo de caucho, un juguete de madera o, en el peor de los casos, la instrucción directa de aprender a esperar.


Hoy el caucho, los juguetes o las instrucciones han sido reemplazadas por el cristal líquido. Hemos pasado del chupo físico al "chupo digital". Ese teléfono inteligente o tableta que se le entrega al niño de manera prematura como si fuese un acto de supervivencia, no es para conectarlo con el mundo real, sino para desconectarlo de su propia realidad.


En nuestra época el chupo tradicional con goma de caucho tenía una función clara, la cual era calmar la ansiedad oral y dar consuelo al niño o niña. Pero el chupo digital es infinitamente más complejo y peligroso. Mientras que el primero solo mantenía la boca ocupada, el segundo secuestra la atención plena, el autocontrol, la gestión del tiempo, el control emocional y el sistema de recompensa del cerebro. Estamos utilizando la tecnología no como una herramienta de aprendizaje, sino como un sedante cognitivo. Al entregar un dispositivo para callar un berrinche o evitar el aburrimiento de una fila, estamos privando al niño o niña de dos herramientas vitales para la vida adulta.

  1. La tolerancia a la frustración: Entendida como la capacidad de gestionar emociones negativas, mantener la calma y adaptarse ante situaciones contrarias, fracasos o demoras en la gratificación. Implica resistir impulsos y persistir en metas.

  2. La autorregulación emocional: Capacidad consciente y adaptativa de gestionar, evaluar y modificar las propias reacciones emocionales, pensamientos y comportamientos para mantener el equilibrio, especialmente ante situaciones de alto estrés. Sin depender de un flujo externo de dopamina.


Algunos indican que los tiempos han cambiado y estamos frente a nuevas generaciones, es tanto así que algunos teóricos como Montserrat Nebrerahan han acuñado el término de generación de cristal para referirse a los jóvenes nacidos a finales de los 90 y después del año 2000. Se describe a este grupo como personas con alta sensibilidad, baja tolerancia a la frustración y fragilidad emocional, propensibilitizándose ante críticas y situaciones de estrés.


La psicología a menudo interpreta a esta generación como una consecuencia de la sobreprotección y la crianza basada en el miedo. La diferencia entre la crianza de hace unas décadas y la actual radica en la presencia.


Antes, si un niño estaba inquieto, el padre o la madre debía intervenir con palabras, juegos de manos o contacto físico. Había un intercambio humano-humano. En la era del chupo digital, el intercambio es humano-máquina. El algoritmo de YouTube o TikTok se convierte en el cuidador de turno, el cuidador digital no ejerce autoridad ni tiene ética ni empatía, solo tiene un objetivo comercial. Mantener al usuario (en este caso, un cerebro en desarrollo) pegado a la pantalla el mayor tiempo posible usuario (en este caso, un cerebro en desarrollo) pegado a la pantalla el mayor tiempo posible.


El costo del silencio actual es el déficit del mañana. Un niño que no se aburre, no imagina. Un niño que no lidia con su inquietud, no desarrolla resiliencia. A diferencia del chupo de caucho, que eventualmente se ha dejado de usar debido a riesgos de problemas dentales (mordida abierta, deformación del paladar), infecciones de oído, retraso en el habla, dependencia emocional o por presión social, el chupo digital tiende a volverse crónico. Las consecuencias ya son visibles en diferentes ámbitos de la vida social, personal y escolar de los niños.


  • Atrofia de la curiosidad: La curiosidad es una de las cualidades más valiosas y naturales del ser humano. Nos impulsa a explorar, aprender y descubrir el mundo que nos rodea. Sin embargo, a medida en que los niños están conectados permanente mente a dispositivos digitales, es común notar una disminución en el deseo de interactuar con su mundo exterior. Nada en el mundo real puede competir con las luces y sonidos de una aplicación diseñada para generar secreción de dopamina y crear adicción.

  • Miopía social: Los niños y niñas de hoy presentan dificultad para leer expresiones faciales y señales no verbales en el mundo físico.

  • Síndrome de Abstinencia: Reacciones desproporcionadamente violentas cuando se retira el dispositivo, similares a las de una adicción química.


Hay que dejar claro que esto no se trata de tecnófobia, porque somos consiente de la importancia que tienen la tecnología para el desarrollo científico, económico y social de la humanidad, sino de responsabilidad evolutiva. La tecnología es una excelente herramienta de trabajo, pero es un pésimo sustituto del afecto y la guía parental.


Debemos devolverles a nuestros hijos el derecho a aburrirse, a mirar por la ventana del carro o del autobús sin una pantalla de por medio y a aprender que el silencio no es algo que deba ser llenado urgentemente con mega pixeles. Es hora de quitar el chupo digital y volvernos a mirar a los ojos.



Febrero 7 de 2026


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