Colombia fue dirigida con odio y resentimiento



La historia más reciente del país cafetero sienta su mayor precedente en guerras absurdas lideradas por políticos de procedencia bélica acompañados por un sistema que puso a la institucionalidad al servicio de los que hasta hoy gobernaron a la patria.


Después de tantas guerras civiles causadas por los actores políticos, en compañía de la iglesia conservadora y el ejercicio vehemente del Estado; quienes más afectación y consecuencias devastadoras sufrió fue el colectivo social cívico y campesinado en general. Por eso la reivindicación de los pueblos comienza con un nuevo sistema de gobierno.


Para los años 80, 90 y 2000 los colombianos vivíamos en un Estado fatídico, de conmoción y zozobra; dentro de un marco de políticas públicas que se regían bajo conductas ortodoxas cimentadas en odio, resentimiento y sed de venganza.


Nacen de las estirpes liberales y luego subyacen en pensamientos conservadores de procedencia neoliberal. De esas doctrinas nacen los Gavirias, Pastranas, Gerlein, Genecos, Lleras, Restrepos, Char, Sarmientos y entre otros Uribes… Familias que se repartían el poder de acuerdo a la masa herencial de un sistema de oligopolio.


El departamento de Antioquia, tierra conservadora, donde han nacido políticos de ultraderecha, todavía con ínfulas de amos, dueños y señores; persisten en su doctrina radical de feudos, ostentan constantemente el poder de la tierra. Lo que ha generado una situación compleja en las familias empobrecidas de la nación, esto conduce a la invasión de tierras porque la mayoría del colombiano no tiene donde aposentar, situación que se despliega a lo largo y ancho del territorio


Arboletes Antioquia no es la excepción. Este estadio nos facilita conocer más a fondo lo que realmente sucede en nuestros territorios, embargados y aglutinados en una porción de terreno que no nos pertenece. Razón principal de no ser productivos, no somos dueños de nada.


Con el cambio sistemático de gobierno tenemos la segunda tarea más dura de la nación, la cual es fortalecernos como territorio, reconocernos desde nuestra identidad, desde nuestras diferencias y empezar a construir una prospera región. Capaces de derrotar las malas practicas que han gobernado a la Antioquia decente.

La sociedad no puede seguir ciñéndose bajo estructuras que nos han dividido a retazos, la participación ciudadana esta siendo más activa y vinculante a los procesos públicos, debemos ser garantes de las nuevas dinámicas sociales, ser actores principales del relevo generacional socio político local, departamental y nacional.


Ya no nos subyacen ni nos da temor enfrentar a los partidos tradicionales que tenían el poder, ahora los partidos y movimientos que han surgido con miras al colectivo social están a la par de cualquier circunstancia para competir con conocimiento, dedicación, trabajo, respeto, liderazgo y dignidad. Somos los llamados a orientar los procesos participativos de este nuevo orden democrático.


Las diferencias tienen que seguir existiendo; pero como dicen los grandes lideres y pensadores, que si somos seres pensantes debemos ser capaces de poner en marcha las cosas fundamentales que en verdad nos unen. Lo que une y divide a este territorio son las mismas necesidades. ¿Podemos sopesar esa carga y ponernos de acuerdo una vez en la historia para bien de todos? Si eso pasa realmente, podemos pasar la página y vencer lo que tanto daño nos ha hecho. El egocentrismo, el odio, resentimiento y sed de venganza.


¡Siguen las transformaciones con dirección al bienestar de nuestro pueblo y dejar atrás las rencillas políticas!


Arboletes, Agostos 16 de 2022


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